familia

Las muestras de afecto hacía nuestros hijos no deberían tener vigencia



Mientras mis hijas se acurrucan conmigo en la cama, me vienen a la mente muchos recuerdos. Es imposible no comparar mi propia niñez con la de mis hijas, y no lo hago de manera intencional. Mi hija mayor ya tiene 11 años, y aún nos busca para llenarla de cariños, de besos, de abrazos. En mis recuerdos, no me veo yo en las mismas circunstancias con mis papás, y eso de alguna manera me llena de nostalgia. Las muestras de afecto no deberían tener vigencia.


Pero es que parece que una vez que cumplíamos cierta edad, los apapachos, besos, abrazos y cariños que recibíamos de chiquitos, de repente ya no estaban. Ahora era un poco más de guardar distancia, y nunca se me hizo raro. Hasta ahora.

Ahora veo que mi hija viene a mi cuarto, se sube a mi cama y se recuesta a mi lado. Le gusta que le haga “piojito”, le de “cariñitos” y le diga que la amo. Le gusta que la abrace y que le cante. “Amor chiquito” es su canción, y cada que la tengo en mis brazos no pierdo oportunidad de cantársela. A las dos les encantan los cariños y las muestras de afecto, y ellas mismas son cariñosas conmigo. 

No me lo tomen a mal. No estoy diciendo que mis papás no me quisieran, al contrario. Sólo digo que viéndolo ahora de mamá, me doy cuenta que de alguna manera las muestras de afecto de ellos para con sus hijos tenían una vigencia. Y esta terminaba cuando crecíamos.

Tal vez es que la misma pre-adolescencia y adolescencia nos hacía rebeldes, nos hacía alejarnos. Y ellos mismos guardaban distancia. Tal vez es que éramos tantos, o que ellos trabajaban mucho para sacarnos adelante y las muestras de afecto quedaban en segundo plano. Tal vez es que simplemente nunca les enseñaron a ser un poco más cariñosos. Tal vez.

Para mí las muestras de afecto para con los hijos no deberían tener vigencia. Deberían estar presentes siempre. Me aterra pensar que mi hija crezca y no reciba mis abrazos, mis besos, mis “te amo”. Con ella y su hermana he aprendido a ser la más cariñosa, la más cursi, la más amorosa. 

Para con ellas, mis muestras de afecto serán infinitas. Para ellas tendré abrazos y besos todos los días, y en cada oportunidad que tenga. Mis muestras de afecto hacia ellas no tendrán vigencia. Porque al abrazarlas y besarlas, estoy recibiendo lo mismo.



No todos somos los más cariñosos o afectivos. No todos nacemos sabiendo ser padres y demostrar afecto a otros. Pero quiero pensar que al convertirte en madre o padre, como que se te desarrolla esa cualidad. Y aprendes a ser más cariñoso y un poco más comprensivo.

Nuestros niños necesitan mucho amor y que las muestras de afecto que les otorguemos, no tengan vigencia cuando ellos dejan de ser niños.

Este post pertenece al especial del Día del niño de Mamás Blogueras Mexicanas. Te invito a que disfrutes de las historias de otras mamás blogueras que como yo, participamos en esta iniciativa. 

Mamá a la moda nos comparte cómo ha sido su experiencia celebrando el día del niño, un post muy interesante que me encantó y que espero que pases a leer. Búscanos en las redes como #DíadelNiñoMBMx y disfruta todos los post de este especial que tenemos para ti.
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