Una Mexicana en USA

Viajes de Escuela: cuando nuestros hijos quieren viajar solos


Cada nueva etapa que vivo con mis hijas, no puedo sino pensar y platicar lo que fué conmigo durante mi niñez. Si se sienten raras con los cambios, si se les dificulta hacer amigos, si les va bien o mal en alguna materia. Todo, tiene un punto de referencia y comparación con la manera en que yo lo ví o viví siendo niña. Por supuesto que no trato de que ellas sean iguales que yo, o que vivan su vida de la misma manera. El platicarles a ellas simplemente es para hacerles saber que en algún momento, yo también estuve en su lugar. Así fué cuando mi hija me platicó que venía un viaje organizado por la Escuela al cual quería ir, y que sería fuera del Estado, al Space Camp ubicado en Alabama. Automáticamente mi respuesta fué: “me voy contigo”, pero cuando unas semanas después ella expresó que se quería ir sola, yo sólo pensé “pero sólo tiene 10 años”.


Así es, me causó un poco de sorpresa el que expresara que quería hacer el viaje sola, con su grupo, porque al principio del año y por el cambio de escuela había estado batallando para adaptarse. Pero al mismo tiempo me dió gusto porque significaba que se sentía lo suficientemente cómoda como para no necesitar chaperón. Aún así, no nos fué fácil decir que sí a la primera. Tuvieron que pasar varias semanas, muchas pláticas y planeación.

Le comenté que en mi caso, mi primer “viaje” fuera del pueblo había sido casi a los 15 años, y a un arroyo como a unos 15 minutos de casa. Ni siquiera lo disfruté porque mi mamá firmó de mala gana mi permiso muy tarde, y llegué a reunirme con mis compañeros cuando ya casi estaban saliendo del punto de partida. ¡Ni se diga el dormir en casas ajenas! No fuí a una pijamada sino hasta los 12 o 13 años, mi hija asistió a la primera a los 8. Supongo que mi mamá tenía sus razones para no dejarme ir, y aunque en su momento no las entendía ni las aceptaba, ahora que soy mamá me puedo poner en su lugar. En algunas cosas me parezco tanto a ella, y en otras no coincidimos en nada.

Pero debo entender que mis hijas no son iguales que yo.  Yo tampoco soy igual que mi mamá y que las circunstancias son diferentes. Siento que de alguna manera debemos dejar a nuestros hijos ser, darles libertad, y para eso, a veces no hay una edad determinada. 

Todavía cuando se llegó la fecha de pagar el viaje no estaba tan segura de dejarla ir sola, digo, ella nunca ha estado en un viaje si no es con nosotros y a pesar de que tiene 10 años, sigue siendo mi niña. Pero era una oportunidad para que ella se diera cuenta de lo que era hacer estas actividades en la familia y comprobar si realmente estaba lista.

Conforme se acercaba la fecha de partida, iba creciendo el miedo a dejarla ir, pero en ella lo que pasaba es que se emocionaba con los planes, con lo que vería, con lo que aprendería. El viaje para ella sería toda una aventura. Una aventura de 3 días fuera de casa, sin la familia.

Nos dedicamos los últimos días antes de su partida a preparar todo lo que llevaría, desde la ropa hasta la maleta y algo que no le hubiéramos dado en otras circunstancias: un teléfono. Tuvimos la suerte de que teníamos disponible el teléfono que le regalamos a mi esposo el año pasado por el día del padre, el cual con un nuevo chip pudo ser activado para que ella se lo pudiera llevar, y de paso tomar unas fotos. Esto también nos ahorraba tener que comprar una cámara y para nosotros era importante estar en contacto con ella y que ella se sintiera con la confianza de estar al tanto con nosotros, aunque estuviera lejos.

Al llevarla a la escuela para tomar el autobús, me daba cuenta lo diferente que somos los padres, no sé si sea cuestión cultural o simplemente que los otros niños ya estaban más acostumbrados a estas despedidas, pero yo no me moví de ahí sino hasta que el camión partió con rumbo a Alabama, en cambio los otros padres, dejaban a su hijo/a y se iban. Nada de abrazos largos, grandes recomendaciones o besos en la cabeza. ¡Qué diferentes somos los padres Latinos! Y viviendo en Estados Unidos se notan aún más esas diferencias.

El primer día en la noche después de lo largo del viaje me envió un mensaje donde me decía que me extrañaba. ¡lo que más quiere escuchar o leer una mamá! pero por supuesto que no podía dejarme llevar por mis emociones y le dije que yo también la extrañaba, pero que me daba gusto que estuviera disfrutando del viaje. Ponerle caras tristes o “emoticons” quizás la hubiera hecho sentir más triste. Así que nos limitamos a hablar de lo que hacía, de lo que pasaría los siguientes días y de lo mucho que se estaba divirtiendo. En algún momento hasta le comenté que este viaje le iba a servir como experiencia y quizás ahora si estaría lista para un campamento de verano, pero su respuesta esta vez me sorprendió. No era algo que le agradaría hacer.

Los siguientes dos días a pesar de que estuvo en contacto por medio de mensajes, ya no fueron tan constantes como el primer día, lo cual significaba que si bien nos extrañaba, si estaba poniendo de su parte para hacer de esta experiencia la más agradable.

Anoche por fín regresó, nada de lágrimas que me imaginaba caerían de sus ojitos al vernos otra vez, aunque sí una gran sonrisa de estar en casa y una alegría de haber podido vivir este viaje al lado de sus compañeros y maestros. ¡Cuantas cosas aprendió! 

La foto del recuerdo con su grupo y la nave esacial, además de su certificado de que completó el curriculum.


Lo que me trajo de viaje, un imán para el refrigerador 🙂

Yo no sé si a su edad hubiera podido ir a un viaje sola. En casa nunca fuimos de viajar ni salir fuera sino al río o al cerro. No teníamos los medios y nuestros paseos se limitaban a lo que estaba al alcance de nosotros y cerca de la naturaleza. Nada de museos, de ciudades lejanas, de campamentos. Eso no existía, ni lo conocía ni tenía acceso a ello. 


Ahora con mis hijas es totalmente diferente. No somos ricos pero afortunadamente podemos salir y conocer otros lugares y en este caso, pudimos darle la oportunidad  a mi hija de salir en este viaje planeado por la escuela. Sé que no todos los papás actuamos igual, y que cada quién tiene su opinión respecto a este tipo de viajes, pero considero que hicimos una buena elección al dejarla ir.

¿Estaba lista? no lo sabemos, pero al menos ella se dió cuenta de lo que significa viajar y hacer las cosas por sí sola y lo que es convivir con otros más allá de lo que implica la escuela. Estamos orgullosos de ella por que dejó de un lado sus miedos y se atrevió a viajar, a conocer, a ser ella misma.

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